Algunos patrones sobre la innovación: lecciones en el MIT.

Boston, USA. 2011.

Mientras termino un café latte y subo apurado por las relucientes escaleras del recién inaugurado edificio del Sloan School of Managment, me detengo a verificar quién será el expositor de la mañana. Esta vez se trata de alguien con apellido español. ¿Será de España? Entro medio atrasado a la sala y me encuentro con un tipo delgado, joven y con aspecto más de músico rock que de profesor del MIT. He pasado tres días en un Seminario Internacional del MIT, invitado por el programa de MBA de la Universidad Gabriela Mistral, y hasta ahora los profesores que han expuesto son más parecidos a personajes que aparecen en las películas gringas tipo “Una mente brillante”. Saludo medio avergonzado por el atraso y cuando me estoy sentando reconozco que el acento de quien comienza la exposición es irrenunciablemente chileno. Su nombre es César Hidalgo, phD, profesor del MIT Media Lab y lejos de español, es un chileno de exportación. Apenas pasando la treintena de años, sería uno de los highlights de este viaje inolvidable a uno de los centros neurálgicos del conocimiento mundial.

http://www.media.mit.edu/
www.chidalgo.com

Siete días en el MIT.

El MIT es uno de los centros de educación de mayor excelencia en el mundo, de sus desarrollos en investigaciones han salido la impresionante cifra de 76 premios Nobel y en sus aulas se han incubado enormes avances en tecnología e innovación. Fundada en 1861, es considerada como una de las promotoras del desarrollo económico de Estados Unidos.

Ubicado en Boston, más específicamente en Cambridge, cruzando el ventoso río Charles, el MIT se parece más a una ciudad empresarial que a un complejo universitario tradicional. Es una zona abierta donde cada edificio, de moderna arquitectura, alberga diferentes centros de Research en todo tipo de ámbitos. Resultaba casi anecdótico salir del Hotel, ubicado a un par de cuadras, y caminar por la vereda que sostiene el edificio donde están revolucionando la medicina humana con el desciframiento del genoma Humano en 2003, cruzar la calle y encontrarse con un monumental edificio que contiene el David H. Koch Institute for Integrative Cancer Research. Y así sucesivamente. Era como si existiera una comuna entera dedicada al estudio de las más diversas inquietudes humanas. Una comuna de cerebros.

De todas esas esquinas del conocimiento, no se puede dejar de destacar el ecléctico Stata Center construido por el arquitecto Frank Gehry.

César Hidalgo. Un tipo de excepción que sospecho, algún día debiera tener más figuración en Chile. El carisma no se compra en la farmacia de la esquina.

Cada día, después de las 4 y media de la tarde, al terminar las exposiciones del Seminario, tomar una mochila y cámara fotográfica era labor obligatoria para partir a recorrer Boston, conocer sus rincones y un destino imperdible a sólo dos estaciones de Subway. Un destino a “walking distance” desde el MIT como dicen por allá: la Universidad de Harvard.

La ya legendaria Harvard University es un campus más austero quizás, más tradicional en su estilo, totalmente basado en la arquitectura inglesa (no por nada fue fundada en 1636) y resulta casi subyugante de visitar. Con mi amigo Luis Fernando Allende nos dimos muchas vueltas por el lugar, visitamos la Harvard Business School, nos colamos en una recepción en el Faculty Club (no le cuenten a nadie) y visitamos cuanta librería había en un barrio con más cara a universitario, donde los cantantes callejeros, vendedores de libros usados y no pocos homeless solicitando ayuda, daban un aspecto bastante más variopinto. Un barrio casi sacado de cuajo de un barrio tradicional Inglés y transplantado con toda naturalidad. Si alguien quiere verla quizás en una dimensión real, la película “The Social Network” la utiliza como locación en gran parte de ella. Mark Zuckenberg, de hecho, fue uno de los tantos estudiantes que caminaron por sus facultades. Quizás pude haberme tropezado con un futuro Zuckenberg mientras recorría sus campus y en una de esas, de haberle hecho desparramar sus papeles por el suelo, habría cambiado la historia del mundo. ¿Quién sabe?

Esta es como la clásica foto de turista. Uno se pone al lado de la “atracción” y se toma una foto. Aquí aparezco yo junto a este prototipo robótico del MIT Media Lab. (Yo soy el de negro, por si acaso…)

César Hidalgo y sus dibujos en la pared.

Hidalgo comienza su exposición haciendo uso de un inconfundible acento chileno. Estando en Boston, parece curioso. Podría ser que escuchábamos a un tipo cualquiera en medio de un paseo por Providencia. Pero resultaba que este profesor de pelo largo y mirada aguda exponía un modelo de proyección económica de los países basado en su diversidad productiva. Los últimos tragos de mi café coinciden con la comparación de su compleja elaboración económica con las piezas de un juego de Lego. Trato de evitar ser sorprendido visitando su sitio en la web en plena clase, (tampoco le cuenten a nadie) y me doy cuenta que ha sido expositor en TED.com X Boston ni más ni menos.

No puedo dejar de pensar el por qué en Chile sabemos más de los Alexis Sánchez que de este tipo de cerebros nacionales que van a engordar el conocimiento de universidades americanas.

Se abre un debate sobre metodologías aplicadas a los datos, trato de seguir las ideas y anotar todo lo que puedo. Hidalgo se mueve de un lugar a otro de la sala como un tenista virtuoso que contesta cada pelota con estilo y elegancia. Parece imbatible. Yo, por cierto, ni siquiera intento debatir alguna palabra. No es lo mío. Pero la presentación gráfica de los datos me parece notable. Un día después, me encontraría con ellos de nuevo y me sorprendería aun más.

Una de las “oficinas” del MIT Media Lab. Como pueden ver, mi madre habría puesto el grito en el cielo por tanto desorden.

Hemos quedado de visitar MIT Media Lab. Un hermoso edificio recién inaugurado (uf, parece que aquí todo está recién inaugurado). En el lobby de entrada, en la pared principal, se luce un enorme mural con la investigación de nuestro coterráneo. Ni más ni menos. Las mismas formas gráficas que se proyectaron de un powerpoint un día antes, eran la decoración de entrada en uno de los edificios más relevantes de la investigación y desarrollo en el MIT.

Un poco menos provocador del orgullo nacional, era darse cuenta que dicho mural hacía el análisis comparativo entre Chile y Korea del Sur. Dos países que en 1970 tenían el mismo PIB. No es necesario creo yo, decir cual es la diferencia entre ambas economías 40 años después. La diversidad productiva de Korea en relación a la chilena, reflejada en los datos gráficos del estudio de Hidalgo y R. Haussmann, explica tal diferenciación producida durante las últimas cuatro décadas.

Chile es un país ejemplo, pero en varios sentidos. Yo agregaría que aparte de la diversidad productiva, ese gap se puede explicar también en el porcentaje del mismo PIB en educación que Korea del Sur invierte versus lo que invertimos nosotros. A propósito del tema…

La econometría por cierto no es lo mío, pero en su sitio web existe una completa exposición de sus investigaciones y papers académicos. www.chidalgo.com

De dónde vienen las ideas.

Visitando una librería Borders me llamó la atención la fuerte promoción que le hacían a un libro titulado “Where the ideas come from” de Steven Johnson. Interesante, me pareció. Estos gringos parecen interesados en todo. A propósito de esas búsquedas frenéticas que llevan a los americanos a ser la vanguardia en tantos ámbitos y de este libro tan promocionado (supongo que aquí tal relevancia se la darían a un best sellers dedicado a algún escandalo de farándula) obtuvimos la impagable entrada para visitar el famoso MIT Media Lab. Gracias a ir acompañados por Cesar Hidalgo pudimos pasearnos como Pedro por su casa por todas las dependencias de este centro de investigación e innovación de vanguardia a nivel mundial.

La delegación del programa de MBA de la Universidad Gabriela Mistral con parte del famoso Stata Center del MIT, diseñado por Frank Gehry.

Poder describir todo lo que uno ve ahí es difícil. Prefiero concentrarme en tres grandes aspectos que me parece bueno compartir. El primero, el más visible tal vez, es lo lúdico de los espacios. El desorden de los espacios de trabajo. Cada rincón, mesa de trabajo o área era un verdadero resumidero de artefactos, circuitos, cajas de herramientas, juegos de Lego (Sí, de Lego), piezas a madio armar, rollos de fibras ópticas, etc, etc, etc…

Legos por todos lados. Se dice que incluso la compañía tiene un convenio con el MIT para usar sus piezas en la construcción de Mock-up’s o prototipos rápidos.

Coincidente con cualquier estudio sobre innovación, la capacidad creativa de las personas coincide con espacios en extremo desordenados, eclécticos, abiertos y llenos de extravagancias. Nada menos parecidos a una oficina de paneles grises o a lugares que aparecen en una Vivienda y Decoración.

Otro aspecto es la multiracialidad. Tiene toda la lógica del mundo pero no siempre se ve como un factor en la innovación. El encuentro de tal diversidad de culturas en un solo lugar, y enfocados en un sólo proyecto, debe ser un catalizador impresionante de ideas nuevas y puntos de vista fuera de la caja. Cada sala destinada a un proyecto en particular lucía un letrero con la foto y los nombres de sus integrantes. Europeos, pakistaníes, rusos, indúes, latinos, europeos del este, etc, etc. Bien podría ser un arca de Noé destinada a preservar las razas humanas en caso de algún desastre terrestre.

Por último, un aspecto imperdible: lo multidisciplinario. La creencia de que para ser el inventor de un puente deben juntarse expertos en construcción de puentes, es más errónea que certera. Para encontrar nuevas soluciones debes integrar nuevas visiones. En estos proyectos confluyen, aparte de nacionalidades, distintos tipos de conocimientos. Este enfoque es el “mantra” de cualquier empresa de innovación exitosa y representa una forma de enfocar el trabajo. En el MIT, contaba Hidalgo, los distintos conocimientos y la profundidad de los mismos, dotan al trabajo creativo de más posibilidades, más amplitud y es desde ahí que se rompen los paradigmas y surgen las nuevas tecnologías.

Pero por último, lo más fundamental de decir, es que lo lúdico, lo multiracial y lo multidisciplinario, son sólo el setting de una forma de ver la innovación, el desarrollo y por cierto, el modelo Universitario. Una forma de ver que parece obvio, pero resulta la gran diferencia entre el primer mundo y el nuestro.

El famoso Domo del MIT. Un edificio símbolo esta Universidad. Mi esperanza es que habiendo tanta inteligencia por metro cuadrado, cómo no se va a haber pegado algo. Habrá que esperar.

Es que es tan pelotudamente simple. Ellos “producen” conocimiento. Nosotros, en cambio, lo “consumimos”. Simple será, pero se respira en cada rincón del MIT. Ellos no van a la universidad a estudiar los libros que alguien escribió. Ellos van a investigar. Sus días están dedicados a descubrir lo que no se conoce. A expandir las fronteras de lo que sabemos. Cuando consiguen hacer esos descubrimientos, escriben un libro y será parte de la historia que algún estudiante latinoamericano pueda años después, tener ese libro entre sus manos. Años que significan la diferencia entre ellos y nosotros.

Una pequeña cachetada en la mejilla. Despertemos. Les dejo una tarea para la casa. Googleen cuánto invierte Chile del PIB en R&D (investigación y desarrollo) y cuánto los países desarrollados. La carrera se juega ahí, investigando, viendo cómo se hace algo que nadie más hace. No leyéndolo en un libro que otro ya escribió. Eso es como pasar a buscar a tu novia cuando ya está casada con otro tipo.

Fueron siete días en el MIT que dan para mucho más que estas líneas. Una lluvia pesada me recibe en Pudahuel. El taxi que me lleva corre por una Costanera Norte mojada mientras hojeo un diario, gentileza del taxista. Chile sigue marchando, pero en otro sentido. Protesta y protesta por su nivel de educación. Y razón tiene.

Parte del Mural de decora el MIT Media Lab con las conclusiones del estudio de Hidalgo y Haussman. Aparece Luis Fernando Allende. Aparte de muchas cosas, gran conocedor de Boston y responsable de haber gastado las suelas de mis zapatos más de la cuenta.
(*) Aprovecho de agradecer a la Carolina Téllez, Directora Académica del MBA la Universidad Gabriela Mistral por la invitación a este extraordinario viaje y al programa de la Universidad por darme la oportunidad de unirme a un equipo de profesores y alumnos que hicieron de este viaje, una tremenda experiencia.

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